En estos momentos estoy escribiendo las primeras líneas de algo que no tengo la certeza en qué puede derivar pero que estoy seguro que quiero transmitir. Una de las primeras preguntas que me formulé es: Qué quiero transmitir con este documento? Por qué quiero transmitir lo que quiero transmitir? Cuál es esa chispa interna que me mueve y me impulsa a embarcarme en esta nueva aventura, a quién lo quiero transmitir? Simplemente a partir de situaciones vividas que hoy elijo no volver a pasarlas, voy a intentar recopilar información, darle una estructura, un orden lógico, secuencial y metodológico para que quede como resultado una suerte de Guía o recomendaciones generales y que esté al alcance de cualquier persona con cualquier formación. Quiero dejar reflejado en este documento una herramienta que pueda ser de utilidad para quién tenga la decisión de mejorar su vida financiera. Creo que el pilar fundamental de esto es ayudar a la comunidad de alguna forma; ayudar porque vemos que quien está en frente tiene un problema y no puede resolverlo o quizás tiene una visión sobre una situación y a partir de un consejo puede cambiar esa óptica. Cuando pienso a quien puede ir dirigida esta ayuda, en principio a cualquiera que decida dejar ayudarse porque considera que la necesita, pero creo en particular me viene a la mente aquella persona que no está familiarizada con el mundo de las finanzas por distintos motivos y por ende incursionar ese mundillo la pueda parecer que no es para ella, quizás tenga temor de preguntar, quizás tenga algún pensamiento sesgado respecto al dinero, ¨la plata es para problemas”, “no está bien hablar de plata”, o quizás no tenga tiempo porque trabaja todo el día o estudia por ende no puede ocuparse y que por situaciones de la vida hay caído en una situación financiera de las que le cueste salir. Cuando pienso en ese tipo de perfil, me veo a mi mismo hace años atrás pasando por esa situación en la he pasado por varios estados desde dolores de cabeza, de panza, ansiedades, sentir que estaba en un pozo del nunca pero realmente nunca iba a salir, de no encontrarle la solución, de que por miedos propios no pedir ayuda o no tener alguien que me guíe para armar un plan de salida y poder retomar el control de mi vida financiera. Otra situación más cercana es cuando escucho o me comentan de su estado financiero mi círculo más cercano como ser mi familia o mis amigos. Siempre uno quiere que su entorno más cercano se encuentre bien en distintos aspectos de la vida, en este caso financieramente. En general la clase media no cuenta con educación financiera que reciba desde el jardín, primario o mismo desde su hogar, sin ir más lejos yo entro en esa inmensa mayoría que no tuvo un referente, tutor o mentor financiero que pueda indicar una seria de pautas básicas para estar mejor preparado. Tener una vida plena, implica tener en alguna medida un grado de libertad financiera, poder elegir qué actividades realizar de cualquier tipo, por supuesto que no hablamos de felicidad porque no es el tema a tratar, hablamos de la disponibilidad de recursos, tanto dinero como tiempo, para llevar a cabo las actividades que nos interesan.
Muchos años atrás, con todo un mundo por delante, era uno más de los que pensaba que se las sabía todas, que podía con cualquier situación que se pusiera en frente, que no le tenía miedo a nada, que no había un mañana porque solo había que disfrutar el hoy (en parte no tiene nada de malo disfrutar el presente). Este tipo de razonamiento lo aplicaba a diversas áreas de mi vida, entre las cuales me interesa hacer foco en la financiera que es la que da origen a estas líneas.
Los últimos 15 años de mi vida que me empleo en el rubro financiero bastante mejor que la media de mercado. Buen salario, bono por desempeño, beneficios, obra social, horario laboral acorde, lo que me permite tener un buen nivel de vida y desde aquella época que comento nunca me preocupe por marcar un rumbo financiero a mi vida; sentía que no hacía falta, si todos los meses cobraba un buen sueldo y no tenía hijos que mantener ni responsabilidades que cumplir. Como tenía todas mis necesidades satisfechas, me da los gustos que consideraba convenientes. Me di varios, se puede decir que de banales los tuve; ropa, cenas, perfumes, salidas, fiestas, viajes, vacaciones, objetos varios. Realmente me daba un buen pasar, después de todo era joven y tenía los medios.
Luego de un tiempo largo, el nivel de vida que llevaba hacia que mis “costos fijos” sean cada vez más altos. Mi actividad social era intensa dado que tenía muchos eventos y quería estar presente en todos sin excepción. Por ende cuando mi cuenta bancaria empezaba a tocar fondo, la solventaba con el famoso pago diferido hacia adelante o mejor conocido como tarjeta de crédito. Es un elemento fabuloso porque te permite adquirir en ese momento lo que tanto querés sin preocuparte por el pago. Entonces esa operación que funcionó en aquella ocasión, la empecé a utilizar en las venideras, entonces ese problema que se presentaba era solucionado rápidamente, y a fin de mes ya me ocuparía de ver el resumen. Y ese fin de mes llegó, y ese resumen de tarjeta apareció, y empecé a ver que de a poco, mes a mes, ese saldo a pagar iba aumentando y empezaba a tomar una porción cada vez más grande de mis ingresos. Empezaba a desbalancear mis asignaciones de partidas para los otros rubros. Luego de que esta situación se repitiera mes a mes, resumen a resumen, empecé a evaluar la opción de pagar un parcial de la tarjeta, de esa manera me daría aire a correr nuevamente una parte del pago hacia más adelante. También tenía la opción de cancelar inmediatamente los gastos superficiales hasta saldar la deuda, pero como me las sabía todas, mi nivel de vida era alto y no quería perderme ninguna salida, jamás la iba a tomar. Una simple operación de resta era anulada por mi cabeza que se negaba a bajar su nivel de vida, algo totalmente mental.
Con el paso del tiempo, algunos meses por momentos se tornaban insoportables de llevar adelante. La secuencia era casi mecánica: Cobraba mi sueldo, una buena parte se iba en la tarjeta de crédito a principio de mes, contaba con poco dinero para pasar el mes y en el día 15° tenía algún evento el cual nunca me perdía y volvía a gastar lo que no tenía, financiado con el santo plástico pero que terminaba siendo un demonio porque nuevamente me cargaba de deuda. Entonces lo que quedaba del mes vivía afligido por los gastos realizados, recriminándome por haberlos realizado, y diciéndome “el mes entrante cancelo gastos, pago tarjeta y salgo de la deuda”. Nada de ello ocurría y se repetía el ciclo.
Es como de esa manera he vivido mucho tiempo “pateando la pelota para adelante” o bien rollear deuda sin establecer un plan mínimo de resolución. A veces pienso, que la suerte o la obra del señor hizo que nunca entrara en default con ningún acreedor, pero si he utilizado todo método para correr los pagos y a la vez mantener el nivel de gastos que tenía. Desde patear los pagos de las tarjetas, pagando con cheques, sacando mini préstamos para pagar deuda, he llegado a tener dos préstamos activos y tres tarjetas con deuda. Quizás hay gente que le parezca normal, de hecho son solo instrumentos de financiamiento y uno hace que los beneficie o los perjudique, pero para mí hoy a la distancia, lo evito a toda costa volver a transitar ese estado sin sentido alguno.
Luego con el paso del tiempo me di cuenta que haber salido de esa situación compleja, no fue ni obra de gracia del señor, ni suerte, fueron acciones. Un día, ya sea por la situación que vivís y que decidís no transitar más o bien por decisión propia, tomas consciencia que no querés tener más ese problema en tu vida, que ya no estás dispuesto a pasarla mal porque no supiste administrar tu dinero de manera al menos razonable. En ese momento asumís que tenés un problema, consciente de que lo llevas a cuestas y que querés solucionarlo. Y para eso tomas acciones, un plan, una ruta que te va a llevar al punto deseado, sin mentiras, poniendo todo arriba de la mesa, haciendo sacrificios pero sabiendo que el rumbo que elegiste es el correcto. Esto se sabe pero siempre es bueno recordarlo: las soluciones no son mágicas ni son de un día para el otro, es la consecución de una serie de pasos inalterables en su ejecución porque son lo que da el éxito que tanto buscamos, solucionar ese problema, y de raíz.
Un aspecto positivo que surge de tomar esta posición, es que luego de decidir que vas a implementar un plan de salida de esa situación, tus expectativas hacia adelante cambian, ves otra proyección de los meses venideros, empezas a calcular en cuánto tiempo salís a flote y tus pensamientos pasan a ser positivos y en algún momento son mayores que los negativos, porque de alguna manera ves que lo que planeaste empieza a tomar consistencia con tu realidad. Esta actidud positiva empieza a ser la base para que tu seguridad empiece a aumentar,

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